8: Mi primer vals vienés

Nunca lloro con las películas. Jamás. Sin embargo, con la música no puedo decir lo mismo. Esta mañana me he despertado con la triste noticia de que Leonard Cohen ha muerto y llevo todo el día pensando en toooooodo lo que ha significado para mí. Como con la Fórmula 1, empecé odiando sus canciones por culpa de (o gracias a) mi padre. Horas acompañándolo en coche a cualquier sitio y escuchando cualquier CD del cantautor canadiense. Tendría 9 o 10 años, como mucho, y me dedicaba a traducir la letra de las canciones a mi padre. “Se entiende muy bien” pensaba mientras le iba traduciendo lo que entendía en aquel momento y a esa edad. Creo que llevo traduciendo simultáneamente muchísimo tiempo, lo único que yo nunca me lo he planteado así. Siempre alardeo de que solo pongo voz a hombres (¡y me encanta!) y me atrevería a decir que Cohen fue el primer hombre al que interpreté simultáneamente. Pero hay más.

Más allá de llorar, reír y gritar con Take this Waltz, First we take Manhattan, Hallelulaj, Who by fire, The Partisan, So Long Marianne, Dance me to the end of love, Everybody Knows… Más allá de que su música despertara en mí un millón de sentimientos, estuve a punto de hacer mi tesis final de carrera sobre él. Y sí, Leonard Cohen también tiene que ver con esas “señales” que a lo largo de los años han acabado ayudándome a estar en el mundo que tanto adoro (mi trabajo).

A finales de cuarto de carrera de Traducción e Interpretación tuve que enfrentarme al TFG (trabajo final de grado). Debíamos elegir tema según nuestras preferencias, y cada tema incluía un profesor de la carrera como tutor. Como yo no tenía intención de dedicarme a la traducción en ninguna de sus variantes, elegí “literatura española” porque el profesor que te guiaba a lo largo de todo el año era alguien que transmitía pasión en sus clases, al que escuchabas sin esfuerzo alguno, era (y es) elegante, misterioso, entrañable. Solo por eso. Realmente me daba pereza tener que hacer algo por obligación y no poder tener libertad de elección. Pensé que ya que tenía que hacerlo un poco a la fuerza, era preferible tener el apoyo de alguien que, repito, transmitía muchísimo en sus clases.

Tras las primeras sesiones con José Francisco, a ambos se nos ocurrió analizar la traducción de algunos poemas de Federico García Lorca reflejados y trasladados al inglés en las canciones de Leonard Cohen. Al final de una de estas reuniones, cuando él me había aconsejado X web para comprar X libro que me iría bien, cuando ya lo tenía casi todo listo para ponerme manos a la obra, me dijo: “Irene, veo que te gusta mucho el tema, pero también debes pensar en que te debería servir para tu futuro”. Le contesté: “si tuviera que tratar algo que además de gustarme, me pudiera servir, lo haría de motos o coches, pero eso no tiene nada que ver con la literatura, por eso ni se lo propuse”. Siempre le hablo de usted a José Francisco. Por su posición, por su orden en su despacho, por su calma, por su edad. Él me contestó: “vale, pero yo soy tu profesor y yo decido sobre qué debes hacerlo, así que si quieres hacerlo sobre motos o coches, adelante”. Y no solo eso, añadió: “acabo de leer esta mañana que Ernest Riveras estará al frente de las retransmisiones de MotoGP en Movistar TV, tú tienes que estar en ese proyecto, ponte en contacto con él”. Febrero de 2014. Wow, time flies. Y ahí empezó todo. Hoy soy parte del equipo. Qué fuerte.

Ese día llegué a casa, abrí Twitter e intenté ponerme en contacto con Ernest, a lo loco. Funcionó. Bendito Leonard Cohen. Bendito José Francisco. Benditos todos. Cuántas veces he pensado: “si no hubiera elegido a José Francisco para mi trabajo y a Leonard Cohen como tema, quizás nadie me hubiera dado la oportunidad de saltarme el protocolo universitario y no hubiera podido meter un estudio terminológico de la Fórmula 1 en un seminario de literatura, quizás nadie me hubiera iluminado y quizás hoy no estaría aquí…”. O sí, porque el que la sigue la consigue y yo soy muy cabezona y seguro que hubiera hecho alguna de las mías, igualmente. Quién sabe.

En el vals vienés, todo gira con mucha elegancia y perfección, con mucha gracia, como si no costara esfuerzo alguno. Algo innato, sutil. De esa manera intento que “parezcan” mis interpretaciones simultáneas, una conversación natural, con mucha gracia, como si a mí no me costara, como si me saliera de dentro. Creo que a veces lo consigo, otras veces maybe no tanto.

Me independicé hace 5 meses y antes de tener muebles, ya tenía esto preparado para colgarlo en la pared. Colgué esta foto en Twitter y le puse un tweet a Leonard Cohen diciéndole que a ver si volvía a España. Qué raro, yo poniéndole un tweet a alguien. En mi comedor lucen desde entonces y cómo me gustan.

Captura de pantalla 2016-11-11 a las 21.56.23.png

Hasta siempre, Leonard. Hineni, hineni.

Y yo y todos nosotros… Rodando hasta la última cita de la temporada.

3 comentarios sobre “8: Mi primer vals vienés

Agrega el tuyo

  1. Preciosa historia.

    Yo, que soy ese eterno estudiante de inglés de nivel mediocre te aseguro que cada vez que te oigo me parece ciencia ficción. Es como si ya antes lo hubieses oído y lo tuvieses ya transcrito.

    Enhorabuena y que sigas disfrutando de tu trabajo tanto como nosotros disfrutamos de tus traducciones

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: