Nunca lloro con las películas. Jamás. Sin embargo, con la música no puedo decir lo mismo. Esta mañana me he despertado con la triste noticia de que Leonard Cohen ha muerto y llevo todo el día pensando en toooooodo lo que ha significado para mí. Como con la Fórmula 1, empecé odiando sus canciones por culpa de (o gracias a) mi padre. Horas acompañándolo en coche a cualquier sitio y escuchando cualquier CD del cantautor canadiense. Tendría 9 o 10 años, como mucho, y me dedicaba a traducir la letra de las canciones a mi padre. “Se entiende muy bien” pensaba mientras le iba traduciendo lo que entendía en aquel momento y a esa edad. Creo que llevo traduciendo simultáneamente muchísimo tiempo, lo único que yo nunca…