Aunque yo no fuera consciente de ello, siempre he tenido cierta tendencia a hacer uso de la terminología; a fijarme en los términos específicos de un ámbito concreto. La única diferencia es que hasta que no llegué a la universidad, no sabía que me gustaba tanto la terminología. De mis múltiples reflexiones sobre las palabras, por así decirlo, deriva mi “casi obsesión” por querer saber cómo se formulan en otros idiomas. Ya dije en una entrada anterior que la comunicación entre personas me resulta fascinante (sí, sí, fascinante; hasta ese nivel) y que por eso empecé a aprender idiomas desde niña. Una vez aclarado esto, ¿por qué  mi sexta entrada lleva un título en inglés, Bittersweet Feeling? En primer lugar, porque así, sin más, me encanta el término “bittersweet” (agridulce).  Es bonito; a…