Dicen que toda pasión tiene un punto de inicio, un momento en el que aparece un interés por algo y a partir de ahí, todo se desencadena. En mi caso, “mi pasión” hizo click en 2001. Recuerdo ser pequeña y no soportar tener que ver las carreras los fines de semana que tocaba Fórmula 1. Siempre le decía a mi padre que cambiara el canal de la tele, que aquello era muy aburrido, que yo no quería ver eso. No me gustaba nada, nada. Pero como con muchas otras cosas a lo largo de mi vida, mi padre ha tenido la capacidad de hacerme amar aquello que empecé odiando. Un día, me dijo: “Mira, ese de ahí se llama Fernando Alonso, es español y va en un Minardi”. Desde entonces, ya…