2: De San Marino he aprendido…

Hace dos días, la decimotercera cita del Mundial de MotoGP llegaba a su fin en el Misano World Circuit Marco Simoncelli. Brad Binder volvió a ganar en Moto3 y amplió todavía más su ventaja, en Moto2, Lorenzo Baldassarri consiguió su primera victoria en el Mundial en casa y Dani Pedrosa, tras todo lo comentado sobre su situación esta temporada, “calló bocas” y se subió a lo más alto del podio. Pero siendo ya martes y pudiendo disponer de tanta información inmediata a través de miles de medios, no voy a centrarme en lo que ocurrió.

Estuve en Misano en 2013 trabajando. Pero no trabajaba como traductora, ni como periodista. Vendía merchandising  de MotoGP y hacía de intérprete cuando era necesario. En esa época me recorrí los circuitos europeos y Misano era una de las paradas, claro está. No sé por qué, es de los circuitos de los que recuerdo menos cosas. Sé que no era de los que más me gustaba, como Mugello o Assen. No sé por qué motivo, es como si mi mente hubiera decidido que de Misano debo recordar poco. Pero de eso hace ya 3 años y las cosas han cambiado mucho. ¡Qué rápido pasa el tiempo!

A día de hoy, no viajo (al contrario de lo que muchos creen). Yo trabajo desde Barcelona y hago la interpretación simultánea para Movistar+ en una cabina insonorizada. A veces me refiero a ella (siempre cariñosamente) como “mi mansión”, “mi suite“, “mi guarida” o “mi jaula“. Remarco el término “jaula” porque normalmente los domingos suelo vivir tanto las carreras que el espacio se me hace pequeño. A lo largo de esta temporada estoy viendo que como intérprete, y pese a que vaya en contra de lo que normativamente te enseñan en la facultad, hay ciertos elementos que son la clave para lograr que la interpretación sea mucho más exitosa. Un día dedicaré una entrada a ello, pero después del GP de San Marino he aprendido (o confirmado del todo) que ponerse en la piel del piloto, en este caso, es casi tan importante como reproducir de manera exacta su discurso. Para poder hacer la simultánea y creérmela, debo pensar e intentar estar en la mente de la persona que habla y además, conocer bastante bien el perfil del personaje.

¿Qué significa eso? Pues que intentar “imitar” la personalidad del que está hablando en ese momento, a veces marca la diferencia. Esta reflexión la acabé de hacer mientras nombraban MotoGP Legend a Franco Uncini y mientras Valentino Rossi y Jorge Lorenzo se enfrascaban en la rueda de prensa del domingo. Si me centro solo en pilotos, “imitar” quiere decir que no puedo ponerle el mismo tono a Jorge Lorenzo que a Dani Pedrosa, por ejemplo. Y que a Johann Zarco no lo puedo interpretar de la misma manera que a Enea Bastianini. Cada uno es distinto y tiene una manera peculiar de expresarse. Sin embargo, mi trabajo es, o debería ser, el de limitarme a transmitir sus mensajes. Sin tanta implicación. Pues no. No estoy de acuerdo con la norma. Hay que saber dónde está el límite y nunca puedes “mojarte” más de lo debido, pero creo que en este mundillo, en el que se sigue y se comparte lo que pasa cada fin de semana con tantísima gente aficionada, ser lo más parecida a mis queridos pilotos, es mucho mejor que basarme en la norma.

En definitiva, y sin extenderme más, creo que las reglas de interpretación simultánea son demasiado estrictas (otro día hablaré de la norma del 70%, la que menos comparto). Después de este input, toca cargar pilas que en una semana llega el GP de Aragón. Ah, ¡en breves traigo una entrevista!

Seguimos rodando…

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