EL BOX DE LAS TRADUCCIONES

Una mente inquieta por el paddock de MotoGP

94: Mis héroes

Publicado el 23 marzo, 2020

“Mi niña Lola, mi niña Lola, mientras que su yaya viva no estará en el mundo sola”. Eso me cantaba mi abuela cuando era pequeña mientras me cogía en brazos y me mecía, siempre, siempre, aunque tuviera 10 años y pesara casi 40 kg. Ella misma cambió la versión de la canción por “mi niño Lolo”, cuando nació mi hermano.

Hoy me estoy acordando mucho de ella (sigue viva, en la actualidad tiene 74 años). Esta mañana he ido a Mercadona a por cosas que necesitaba y cómo no, he observado todo lo que me rodeaba. Desde las cajeras, que te atendían con toda la amabilidad del mundo, hasta la persona que se encargaba de ir desinfectando las cajas, carros y demás. Al llegar a casa, la persona de la limpieza del edificio en el que vivo había llevado a cabo su jornada, puesto que todos los felpudos del rellano estaban hechos un ovillo. Hace muchos años, un idiota me dijo que cómo permitíamos mi familia y yo que mi abuela fuera señora de la limpieza. Lo ha sido toda la vida hasta que se ha jubilado, y a mucha honra. Todos los días de su vida laboral se levantó a las 4 o las 5 de la mañana para ir a trabajar, y hasta donde llegan mis recuerdos, ella ha luchado como una leona siempre con una sonrisa y con mucha amabilidad hacia todo el mundo. Es muy graciosa mi yaya, la gente la quiere y la ha querido mucho. La reina de las paneras de Navidad, que aparecía con 13 o 15 de tantos sitios en los que limpiaba. Empezó a trabajar sirviendo en casas a los 8 años, se le murieron la madre y el padre antes de cumplir cada uno los 60, perdió un hermano con 38 años y ha visto quedarse viuda a su hija pequeña, y sin embargo nada ni nadie han impedido que ella dejara de luchar. Es la que reúne a todos en cualquier festividad. La que le dice a mi abuelo “corre ponte al teléfono que tu nieta está deseando hablar contigo” cuando yo ni siquiera he preguntado por él, pero ella sabe cómo llevar a cada miembro de la familia para que todos estemos siempre bien. Mi yaya, cuánto la quiero. Ha tenido 3 hijos pero es madre de muchos, abuela de otros tantos y tía de muchos más.

Los sanitarios, el personal de limpieza, las personas que se encargan de retirar la basura día a día en nuestras calles, el personal del transporte público, los agentes de seguridad, etc. Los que están ejerciendo con un título universitario como los médicos y personal de enfermería, y los que quizás sean prácticamente analfabetos como mi abuela. Todas esas personas que durante este encierro masivo están jugando un papel fundamental en el bienestar de todos nosotros. Mi abuela Rosario, mi tía Rosi en el súper, mi amiga Carla en el hospital de Terrassa, mi amiga Georgina en el centro de personas discapacitadas de Cerdanyola. En este caso solo tengo como referencia a mujeres y no puedo sentir mayor orgullo por cómo están saliendo adelante con la situación actual. Porque además, todos esos profesionales que estos días tienen más trabajo que nunca tienen que lidiar también con sus vidas, las cuarentenas de su familia, sus dramas personales. Así que gracias, gracias infinitas a todas vosotras que nos cuidáis tanto y sin cesar.

 

 

93: Ansiedad y coronavirus

Publicado el 20 marzo, 2020

Estos días pienso mucho en las repercusiones psicológicas del coronavirus sobre todo en aquellas personas que sufren o han sufrido por ansiedad, o han pasado por algún momento duro relacionado con el tema, y todavía más si están solas en casa. Yo no soy psicóloga, ni soy experta en la materia, pero sí que toqué fondo hace mucho y tuve que recomponerme desde cero. En esa etapa abracé y entendí la ansiedad, la transformé y cambié mi reacción a ella (porque no puedo evitar que siga apareciendo) tras mucho aprendizaje y entrenamiento mental.

Vivo sola y me encanta, pero si me estás leyendo y te pasa como a mí, también sabrás que a veces, estar solo en casa implica muchísimo tiempo para hacer más caso a todos los pensamientos que te pasan por la cabeza. Eso puede ir bien si te asaltan ideas brillantes o las cosas bonitas, pero si de lo contrario te asaltan con más frecuencia los miedos irracionales (detectar que son irracionales es importante) o los pensamientos intrusivos, te toca poner un poco más de tu parte para que el encierro se te haga menos arduo. No es nada fácil y estresa mucho, pero es mucho mejor. Yo de momento lo llevo bien y estoy tranquila, como mucho, aburrida, pero todavía quedan días por delante y hay que tener cualquier tipo de arma cargada por si la mente un día se despierta con ganas de guerra.

Esto es lo que estoy llevando a cabo yo estos días para mantener bien firme mi salud mental (repito, no soy experta y esto es simplemente lo que a mí me funciona):

  • Tener muy claro que esto es temporal, que tarde o temprano acabará. Y aceptarlo.
  • Recordarse las veces que haga falta que esto no depende de uno mismo, que no está en nuestras manos y que por lo tanto no sirve de nada darle demasiadas vueltas al temita. Lo que tenga que pasar, pasará.
  • Mantener cierta rutina a pesar de estar en casa: levantarse a una hora similar cada día, no pasar la jornada entera en pijama…
  • Ejercicio: con lo que tengas, haz algo. Si no tienes nada en casa, ponte vídeos de lo que te guste en Youtube y muévete. HIIT, zumba, pilates, lo que sea. Esta mañana yo he acabado mi entrenamiento y estirada en la colchoneta sentía la necesidad de llorar por la incertidumbre de todos estos días, por sentirme encarcelada, pero enseguida he pensado que no depende de mí y me he quedado la mar de tranquila. Y sé que gran parte de ese alivio se desprendía del ejercicio. Moverse y llevar tu cuerpo a cierto límite te da una energía brutal, aunque emplees un montón de ella.
  • A pesar de que digan por ahí que no hay que obsesionarse con hacer muchas cosas (es verdad), también estoy comprobando que la mínima tontería sirve de evasión para pasar el rato. Se trata de eso, de pasar el rato sin agobiarse. Al echar mano de cualquier cosa insignificante, tu mente está pendiente de esa tarea y no de los pensamientos chungos y limitantes.
  • Dosificar las horas de sofá. Llega un punto en el que agobia hasta el hastío (al menos a mí). Venga, muévete, que se te atrofia todo.
  • Recuerda varias veces todas las cosas que te hagan feliz. Yo tengo muchas fotos en casa de momentos felices, y detenerme y mirarlas me hace pensar en lo bueno de la vida, en lo que aún quiero vivir, en lo afortunada que me siento de haber compartido tantas cosas con las personas que más quiero.
  • Mantén la comunicación con tus seres queridos. Como si no pasara nada.
  • Evita pasar mucho rato viendo las noticias, eso asusta más y hace que la mente sufra el doble. Es bueno informarse y saber cómo está el tema, pero tampoco ayuda mucho el exceso de datos cuando eres una persona con ansiedad.
  • Ahora que hay tiempo de sobras, invierte energía en aprender algo nuevo. Algo nuevo incluye desde ver un vídeo de alguna youtuber o alguien que te haga reír,  aprender un idioma, leer sobre un tema que te guste, o simplemente curiosear (pero no de coronavirus). La mente estará súper ocupada de este modo.
  • Descárgate algún juego en el móvil. No es broma, a mí me va de coña. Puedes pasar mucho rato sin pensar en nada solo concentrándote en matar bolitas de colores. Sí, sí, leído así parece una chorrada, pero ayuda muchísimo a desconectar la mente de los fantasmas.
  • Si tienes pareja y está lejos durante la cuarentena, simplemente mantén tu día a día con esa persona igual vía teléfono. Tarde o temprano volveréis a veros y es mucho más sano para la relación el hecho de mantener la normalidad. Es una simple cuenta atrás. Nada de dejarse llevar por la tristeza porque no sirve de nada, hasta que esto no acabe no os podréis ver. Mejor dar felicidad y amor, que nostalgia y tristeza, ¿no? Pues eso.
  • Visualiza todas las cosas por las que te sientes agradecido/a y visualiza todo lo que te gustaría hacer dentro de unos años. Y digo dentro de unos años porque yo ahora mismo no puedo pensar mucho en 2020: mi vida depende del mundial y ya sabemos cómo está el panorama. Así que prefiero pensar en cómo me veo dentro de 4 años. Eso me da un subidón que no veas.
  • Y si nada de lo anterior funciona, no pasa nada por tener un día malo y sufrir lo que se necesite sufrir. Si no puedes evitarlo, acepta que estás en un momento duro y que habrá otros mejores. Poco a poco, paciencia, te digo yo que se supera. Un día malo lo tiene cualquiera.
  • En definitiva, bloquea todo lo malo aceptando el momento presente que nos rodea e invierte tu energía en algo que implique pensar. De lo contrario, si no haces nada, solo pensarás en tu ansiedad y en tu dolor. Al iniciar el bucle cuesta más desengancharse.

 

No soy madre y sé que esto con peques es mucho más complicado si tienes una mente compleja. Sea como sea, ánimo y muchísima fuerza que esto tiene punto final y cada día es un día menos para que llegue la solución (sea la que sea). Aceptación y resiliencia.

92: Las damas de negro

Publicado el 18 marzo, 2020

Volví de Qatar el lunes de la semana pasada y tengo la sensación de que fue hace una eternidad. Allí estuve 10 días entre el test y la carrera y dejando a un lado lo laboral, este año observé cosas que el anterior pasé por alto. Qatar 2019 significó la realización del sueño de mi vida y creo mi mente y mis ojos no veían nada que no fuera eso.

Si vas a Qatar como turista, desde mi punto de vista es un lugar en el que no hay mucho que hacer más allá de dar una vuelta por los centros comerciales, salir a comer o a cenar a algún restaurante o visitar el ‘falso zoko’. No es un sitio que rezume muchísimo arraigo cultural o muchísima historia. Aunque siendo sincera, también es probable que me pierda muchas cosas ya que las dos veces que he estado allí ha sido por trabajo. En este sentido no puedo aportar mucha más información.

Qatar 2020: mismo hotel que el año pasado. Prácticamente la misma habitación, pero en otra planta. Todo igual en el recinto: restaurantes, piscinas, zonas de ocio. Todo igual, salvo un detalle: la cantidad de damas de negro con las que me crucé cada día por los pasillos del complejo. Se trataba de mujeres que, de arriba a abajo, iban cubiertas de negroo. No hablo del burka, ni del pañuelo en la cabeza. Iban cubiertas al 100%. Llevaban ‘por encima’ una especie de tela de seda (o no sé de qué material) completamente negra. Deduzco que era un pelín transparente porque se movían con normalidad, pero no mostraban ni los ojos, ni un centímetro de piel. Nada. Si por necesidad tenían que alzar los brazos entonces sí que se veía algo de las manos, pero lo mínimo.

Es curioso darse cuenta de la cantidad de cosas que existen en el mundo y que jamás te planteas porque se escapan de tu normalidad. Creo que por ese motivo, cada vez que me cruzaba con ellas sentía cierta incomodidad que aún no sé cómo ubicar. Alguna de estas mujeres, debajo de tanto trapo negro dejaba asomar la cola de un vestido muy estampado y, por lo que yo imaginé, para grandes ocasiones. Es decir, iban arregladas,  aunque cubiertas cual embalaje para enviar. Siento la comparación, pero es que era así. Si te fijabas bien, también se podía intuir algo de brillo de algún bolso potente que  escondían bajo el ropaje. Era muy incómodo para mí  bajar a la piscina con ropa de playa y coincidir con ellas por los pasillos. Hago hincapié en lo de pasillos porque evidentemente, ninguna de ellas tomaba el sol o se daba un chapuzón.  “Pensarán que soy una desvergonzada” y cosas del estilo era lo que me pasaba por la cabeza siempre que las veía. También me di cuenta de que en la planta en la que yo dormía solo había mujeres. En 10 días jamás me crucé con ningún hombre por los pasillos (estamos hablando de un hotel gigante con centenares de habitaciones). Y tampoco sé si las mujeres de las habitaciones vecinas fueron al gimnasio en algún momento del día, porque había uno mixto y otro solo para mujeres, y yo hice ejercicio siempre en el mixto. Tela. Respeto mucho la diversidad cultural, pero tela.

Un día, hablando del tema con Nando, uno de los mecánicos del equipo, me dijo “y la envidia que deben sentir de tu libertad”. No sé cómo lo vivirán ellas, pero me sentí incluso extraña de no haberme puesto en su piel en ese sentido. Yo me limitaba a pensar que mi manera de vestir debería ser una ofensa para ellas, cuando es muy probable que fuera todo lo contrario. Para el resto de la humanidad no existen. No sé qué debe ser eso  de traer una niña al mundo y saber que en unos años su rostro, su cuerpo y su identidad se fundirán a negro. Entiendo que en la intimidad (supuestamente) muestran algo más, no tengo ni idea de hasta qué punto, pero qué impotencia me creó a mí como mujer ver que chicas de mi edad, más jóvenes o más mayores, son invisibles. Y si lo son físicamente, no quiero ni pensar lo anuladas que quizás estén a nivel psicológico. Cuando iban al lado de sus maridos, siempre caminaban detrás de ellos y con cierta distancia. Mamma mia.

De todo esto, solo saco eso de ‘qué suerte tengo’, pero luego caigo en ‘cuánto nos queda por hacer, qué injusticia lo que se hace con las mujeres’ y entro en bucle. Queridas mías, disfrutad de vuestra libertad y haced con vuestro cuerpo lo que os dé la gana. Queridos míos, respetad siempre a las mujeres que tenéis al lado y nunca las tratéis como seres inferiores. Y sobre todo, que las nuevas y futuras generaciones crezcan siendo conscientes de que el sexo con el que naces o con el que te identificas no te pone en ningún peldaño por encima de nadie.

91: Martes de marzo

Publicado el 17 marzo, 2020

Estos días me parece surrealista todo lo que está pasando, lo típico que hasta hace poco veías en las pelis con Will Smith o Ryan Reynolds como protagonistas salvando el mundo. Ahora la realidad es que ni uno ni otro van a ser los héroes que nos ayuden a superar el coronavirus y que poco sabemos de lo que está por llegar. Qué voy a escribir yo que alguien no sepa, Google está lleno de información al respecto.

Me he propuesto escribir más de lo habitual. La idea es un post diario, la práctica ya se verá. Y es que 2020 viene cargado de surrealismo. Eso no es ni bueno, ni malo. Solo eso; 2020 hasta el momento es muy surrealista. Digamos que para mí está siendo la prueba fehaciente de que hay cosas que, simplemente, se escapan de nuestro control. Da igual cuántas vueltas le demos, da igual cuántas soluciones busquemos; si no depende de nosotros, no hay mucho que hacer más allá de aceptar lo que venga y de adaptarse a las circunstancias. Escrito así parece muy facilito la verdad, pero no veas lo que revienta encontrarse en una situación en la que sin comerlo ni beberlo, la vida te está poniendo al límite.

Estos días el coronavirus me sirve de analogía para representar gran parte del sufrimiento de muchas personas al ver su libertad muy limitada. Hay mucha gente que lo pasa verdaderamente mal por no poder salir o expresarse como quisiera, por no poder decidir cuándo y cómo llevará a cabo lo que necesita para vivir, lo que le hace feliz. Hay situaciones que son un verdadero coronavirus y no se sabe en qué momento llegará la cura. El miedo, la impotencia, la necesidad de obediencia y la incertidumbre se apoderan de uno y es difícil encontrar la solución, porque no depende del que la está sufriendo. Sales a la calle dentro de los márgenes que se te permiten, vuelves antes de que te multen y no te alejas de tu coronavirus, porque lo tienes encima y es muy complicado que te deje en paz. Qué difícil y cuánta tristeza.

Creo que muchos, en algún momento de nuestra vida, hemos vivido cerca de un coronavirus personalizado. Si eres hombre o mujer y estás leyéndome, solo te puedo decir que luches y persigas tu felicidad, la cual irá ligada, probablemente, a tu libertad. A tu libertad de decisión, de actuación, de pensamiento. Que nada ni nadie te impida ser tú mismo, que nada ni nadie te arrebate tus sueños, tus ganas de pelear, tus deseos de vivir de la manera que tú elijas. Nada ni nadie debería tener el poder de cortarte las alas. Nada ni nadie debería obligarte a quedarte en casa, a sugerirte que fueras de un modo concreto, a decirte qué tienes que hacer. Nada ni nadie debería pensar por ti. Tú eres el único dueño de tu vida y de tu libertad. Todos merecemos la oportunidad de ser nosotros mismos. Si ahora mismo tienes un coronavirus en lo alto sabrás a lo que me refiero.

Nos leemos mañana. Feliz martes 17 de confinamiento.

90: El chute de energía

Publicado el 12 febrero, 2020

Ayer volví a casa con un auténtico chute de energía. Impartí la asignatura de ‘Nuevas Tendencias del Periodismo Deportivo’ en la Universidad Pompeu Fabra, para los alumnos del Máster de Periodismo Deportivo. Era la primera vez que hacía algo así y me hizo muchísima ilusión que contaran conmigo para hablar de mi trabajo, en qué consiste, cómo llegué a él, etc. Yo hice ese mismo máster en 2014-2015 y me alucinaba estar al otro lado de la barrera. Sinceramente, creí que acabaría muy rápido y que quizás se aburrirían, pero no. Ocupé las dos horas que tenía asignadas y me encantó que me hicieran preguntas y sintieran curiosidad por lo que yo les iba contando.

Fue un auténtico subidón, un chute de energía que verdaderamente necesitaba. Salí de allí pensando en mí (mientras escribo esto, he empezado a emocionarme) y en todas las cosas buenas, y no tan buenas, que me han pasado ‘desde que soy adulta’. Qué vértigo da la vida a veces, tremenda losa en la que se convierten los pensamientos y los miedos muchos días. Y qué difícil reeducar la mente cuando esta intenta vencerte con muchísima fuerza. Reconozco que pese a sentirme afortunada porque vivo de lo que me apasiona y soy feliz a nivel personal (por primera vez en la historia) hay momentos en los que el día a día me acojona soberanamente. Es normal, supongo. Una puede tener la conciencia muy tranquila y creer que lleva su vida de la mejor manera posible, pero los agentes externos se escapan del propio control y ahí es cuando asoma el dolor y la impotencia. No queda otra que lidiar con ello, aceptarlo, seguir adelante y mantener la positividad por encima de todo, por mucho que esta haga aparición como mucho cinco minutos al día. Que el tiempo haga magia y todo vuelva a su lugar.

Un día le pregunté a mi madre cómo me definiría y el primer adjetivo que soltó fue temperamental. Eso implica que soy tenaz e impulsiva, y que no soporto las injusticias. No hay nada que me frustre más que ver o vivir situaciones injustas. Ella y mi padre me educaron en la libre elección y decisión, en la comprensión, en la capacidad para acertar o equivocarme, siempre dejando que yo misma trazara mi camino de la manera que me hiciera feliz, sin importar de qué dependiera mi felicidad. Y sobre todo, supieron transmitirme los valores adecuados para no hacer daño a nadie. Por eso me cuesta muchísimo encajar que las injusticias existen todos los días, de maneras desmesuradas y que eso se nos escapa de las manos casi siempre. Pues bien, después de todo el arsenal de material de mindfulness que almaceno en mi cabeza, después de todos los palos que me llevé cuando ‘no sabía nada de la vida’ y después de ver que la vida puede ser muy hija de puta (tengo dos hermanos de acogida y verlos siempre me recuerda que llegaron al mundo y lo primero que hicieron fue sufrir, antes que hablar prácticamente) solo me queda seguir siendo yo misma, seguir recordándome que me tengo que valorar y querer más que nadie, todos los días y a cada momento. Y bendita libertad, por mucho que a veces nos la quieran cortar.

Lo de ayer me recordó que ‘yo lo valgo’, que por mucho que ‘todo vaya bien’, muchas veces se me olvida. Y lo cuento así, porque es lo que hay. Mañana me voy a Jerez, qué ganitas tengo de que empiece la temporada.

89: Enero peliculero

Publicado el 21 enero, 2020

2019 fue el año de mi revolución. El año de las primeras veces. De viajar, de recorrer países y circuitos, de conocer y descubrir, de los momentos trepidantes, de nuevas culturas, de conocer el amor verdadero, de cumplir sueños, de traducir a Will Smith, de mucha moto y muchas satisfacciones. El año en el que pensaba “todo esto va más rápido que yo”.

No recuerdo si fue en Sepang o en Valencia, pero hablando con Ernest Riveras, me dijo “Irene, tú eres una tía que se cansa rápido y siempre necesita hacer algo nuevo”. Pues bien, no me he cansado de mi vida actual (la adoro) pero sí que tengo ganas de hacer cosas nuevas. Aún no sé qué, ni cómo, ni cuándo, pero me gustaría dedicar el tiempo del que dispongo cuando mi trabajo me lo permite en escribir más, en mantenerme igual de activa en mi día a día como hasta ahora, en ser fiel a la verdad como siempre (en lo bueno y en lo malo) y en darle un giro un poco a todo.

Se me hizo raro ver el 27 en el pastel el mes pasado. Me suena a ‘serio’ ese número y la verdad es que no va acorde con lo que siento por dentro. Que sí, que soy muy joven, que ya lo sé. Pero tengo la sensación de que lo vivido de los 21 hasta ahora ha sido algo así como un sueño, algo muy breve de lo que me despierto ahora de golpe. Al blog le quiero dar una vuelta: me apetece escribir más sobre historias que vaya observando durante mis viajes con el Mundial, dejando a un lado lo deportivo. Si algo he descubierto a lo largo de 2019 es que aunque el mundo entero se abrigue bajo el mismo cielo, los contrastes son inmensos, no sabéis la de veces que he llegado a pensar “qué suerte nacer en un sitio determinado del planeta, esto es una auténtica lotería”. Y de ahí, se desprende lo demás: cultura, comida, comportamientos, tradiciones, roles de la mujer, roles del hombre, educación, costumbres.

Pues que eso, a ver lo que me duran las ideas y la motivación. De momento, el 11 de febrero daré una charla en la Universidad Pompeu Fabra para los alumnos del Máster de Periodismo Deportivo. Otra cosa que tacharé de la lista.

Me encantaría saber cuáles son vuestros retos o vuestras cosas pendientes este 2020.

88: Espejo, espejito

Publicado el 30 noviembre, 2019

Mirarse al espejo no siempre es equivalente de ver la realidad desde el punto de vista más objetivo y racional porque como siempre, la mente juega malas pasadas y hace de las suyas. Te pone trampas, te distorsiona esa realidad, te lo pone crudo. Detenerse y averiguar qué sientes cuando estás ante él tampoco es sencillo. Unas veces te sientes Julia Roberts y otras ni te reconoces. Depende del momento personal, de qué época estés pasando en lo laboral, por ejemplo, del pie con el que te hayas levantado ese día… Depende incluso de un comentario que te hayan hecho. También hay periodos de tiempo en los que te encanta lo que tienes delante y ya. Ahí quizás te pones frente a él incluso menos. O más, pero la actitud con la que lo haces no tiene nada que ver con el resto de situaciones.

A día de hoy, puedo decir que atravieso uno de los mejores momentos de mi vida. Este año he cambiado un poco a nivel físico por el simple hecho de que mi cuerpo y mi mente me pedían volver a sentirme yo. Cada uno tiene la constitución que tiene y los hábitos influyen. En pocas palabras, desde finales de marzo hasta ahora he bajado 8kg. Básicamente lo he hecho porque a mí me apetecía volver a reconocerme en el espejo. Volver a sentirme ‘yo’ desde el punto de vista físico. Este es un tema peliagudo para algunas personas, importante para otras, y totalmente banal para otro grupo de ellas. Cada uno es libre de verse/sentirse de un modo u otro, ¿no?

Processed with VSCO with s1 presetLo que a mí me parece importante es reconocerse. Es sentirse bien con la imagen que vemos, mientras sea la que queramos y no porque alguien diga que debe ser así. Que el espejo te sonría por las mañanas y te aplauda por las noches por lo que has hecho. Que el espejo sea el reflejo de tu lucha interna y de tus ganas de salir adelante. Que te mires y digas: olé yo, olé mis cojones. Y que te sientas guapo/a por dentro y por fuera con tus mejores y tus peores pintas. Y que no te pongas en duda ni un minuto. Que yo lo he hecho muchas veces y se pasa mal, de verdad te lo digo. Que te veas solo a ti, y no tú imitando a otra persona, que veas tu esencia y tu personalidad. Cambia por ti, si hay algo que no te gusta cuando te pones frente a él. Pero por ti, solo por ti. Al final eres a la única persona a la que te debes por encima de todo. Cuídate y quiérete.

Espejo, espejito… El deseo que te pido me lo concederé yo misma.

A %d blogueros les gusta esto: